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Una historia flamenca

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Una historia flamenca

por Frank Silkens

(Artículo publicado originalmente en la revista Equis, número 1, ciudad de México, mayo de 1998, pp. XXXV-XL.)

 

Introducción

La historia de la lengua neerlandesa en Bélgica.

Bélgica es uno de los muchos países en el mundo donde el Estado no abarca a una sola nación o a un solo pueblo. No existe un idioma "belga" como no sea el de la terminología política o jurídica. En los contextos histórico y cultural, es más frecuente el uso de los adjetivos derivados de las dos regiones más importantes de su territorio: la región de Flandes, de habla neerlandesa, y la región de Valonia, de habla francesa. En las artes plásticas, aludimos a los flamencos primitivos y no a los belgas primitivos. La antigua iglesia francófona en Ámsterdam de los entonces refugiados protestantes francófonos del sur, se llama Iglesia valona, no Iglesia belga. 
El "Reino de Bélgica" se estableció apenas en 1830, después que los Estados Unidos Mexicanos, como resultado de una escisión de Holanda. Sin embargo, la palabra "Bélgica" es simplemente el término latín para "Países Bajos". En la época en la que Nueva York todavía se llamaba Nueva Ámsterdam, la capital de una región colonizada por los holandeses, los mapas señalaban dicha región como Nova Belgica. 
El Estado que hoy se llama Bélgica no sólo es un país que nunca ha tenido su propio idioma "belga", sino donde las tres lenguas oficiales se hablan también en los países vecinos, Holanda. Francia y Alemania. La región que limita al norte con Holanda, Flandes, y que tiene como único idioma oficial el neerlandés o el flamenco, es decir, el holandés -tres términos para referirse a una misma lengua, ¡vaya confusión!- libra desde el siglo XIX una lucha pacífica por conseguir del Estado belga la mayor autonomía posible, sin anhelar reunificarse con Holanda. Intentaré explicar el origen y el desarrollo de este movimiento.

La Edad Media

Después de la caída y la fragmentación del Imperio Romano occidental, se formaron en la mayor parte de sus antiguos territorios nuevos idiomas derivados de lo que era la lengua romana oficial: el latín. Así surgieron, entre otros idiomas, el francés, el castellano, el catalán, el portugués, el italiano y el rumano. A todos éstos se les conoce todavía como idiomas romances. Sin embargo, no en todos los territorios del antiguo Imperio Romano sobrevivió el latín en los idiomas vernáculos. En las regiones más septentrionales de su imperio, la colonización romana no había sido muy profunda y/o la inmigración de las tribus germanas era bastante fuerte, de tal manera que esos nuevos inmigrantes germanos lograron conseguir finalmente el predominio numérico sobre la población celta latinizada en lo que hoy es Inglaterra o Alemania, cuyos idiomas pertenecen a la familia de las lenguas germánicas, y no a la de las lenguas romances. En la parte continental de la Europa occidental, de poniente a oriente, existe una frontera lingüística que atraviesa la actual Bélgica a la mitad. Esa frontera es bastante curiosa, porque no coincide con ninguna separación geográfica, como la de un río, de una selva o de una cadena montañosa. Al norte de esta frontera meramente lingüística, se habla un idioma germánico, y al sur un idioma romance. Para las personas de la Edad Media, no obstante, eso no era de gran trascendencia, pues más que el grupo lingüístico al que uno pertenecía o el territorio donde se vivía, la identidad del hombre medieval se determinaba por la lealtad a algún príncipe. Por su parte, los ciudadanos de ciudades-estado como Brujas y Gante -esta última era, después de París, la ciudad cisalpina más grande de aquella época- se identificaban en primer lugar con su urbe. Sin embargo, ambas ciudades flamencas guerrearon entre sí en repetidas ocasiones. No hay que olvidar que el nacionalismo cultural es básicamente un producto del romanticismo del siglo XIX.

La región donde gradualmente se instauraba el idioma neerlandés, se integró por varios principados, como Flandes, Brabante, Limburgo, Holanda y Utrecht. Como consecuencia de las divisiones carolingias, todos pertenecían formalmente al Sacro Imperio Alemán, con la excepción del condado de Flandes, que se había cedido a Francia. El rey Felipe IV el Hermoso intentó anexionar el condado de Flandes -la zona más próspera y más rebelde de su reino- a su patrimonio real, pero sufrió una derrota humillante: el 11 de julio de 1302, en la Batalla de las Espuelas Doradas, las huestes de infantería de campesinos y artesanos flamencos aniquilaron al ejército de caballeros franceses más grande jamás visto hasta entonces, en un acontecimiento sin precedente, por lo que en esa fecha se celebra la fiesta nacional flamenca.

Las primeras anotaciones de lo que se convertiría en el idioma neerlandés actual, se produjeron en el sur: en el condado de Flandes y en el ducado de Brabante. Como eran en aquella época las dos regiones con el mayor desarrollo económico, Flandes y Brabante marcaron también la tónica cultural de la zona neerlandófona. Los nombres de los cinco principados arriba mencionados, y de varios más, sobrevivieron como nombres de actuales provincias de Bélgica y de Holanda. Del ducado de Brabante surgieron dos provincias del mismo nombre, una en cada país. Los nombres de los condados de Holanda y Flandes fueron adoptados, en el caso de Holanda, para denominar al país entero, y en el caso de Flandes, para nombrar toda la región de habla neerlandesa en Bélgica, que sobrepasa por mucho las fronteras del antiguo condado. Como si ello fuera poco, los adjetivos derivados de ambos condados, "holandés" y "flamenco, se siguen usando hoy día como dos términos incorrectos para el idioma neerlandés.

Parte del Imperio Español

En el transcurso del siglo XV, como resultado de una hábil política dinástica de los duques de Borgoña, casi todos los principados de habla neerlandesa se unificaron por primera vez bajo un solo gobierno. Este nuevo conjunto de antiguos principados independientes -predominantemente de habla neerlandesa- incluyó a gran parte de lo que hoy es Valonia, la región francófona de Bélgica. El matrimonio de María de Borgoña, la única heredera del reino borgoñón, con el emperador Maximiliano de Habsburgo en 1477, y luego el enlace de su hijo con la única heredera del trono español, crearon un enorme imperio y unieron a los flamencos, españoles y mexicanos bajo el mismo cetro de Carlos V, que era el nieto de María y que nació en el año de 1500 en la ciudad flamenca de Gante. Por ende, no es extraña la presencia en el México virreinal de inmigrantes flamencos, como el fraile franciscano Pedro de Gante y el pintor Simón Pereyns. Carlos V culmina el trabajo que emprendieron sus antepasados borgoñones, y unifica políticamente a todos los Nederlanden o "Países Bajos", término aparecido por primera vez en los escritos del siglo XVI, lo que hace evidente que los contemporáneos ya advertían cierta cohesión entre esos territorios planos ubicados casi a nivel del mar. El vocablo Nederlands o "neerlandés es el adjetivo de Nederlanden, y desde el siglo XIX el único nombre correcto para ese idioma.

Twaalfjarigbestand

El surgimiento del protestantismo, que en su variante calvinista tuvo gran éxito en los Países Bajos, condujo a un movimiento de independencia contra el dominio español y a la división de esos países. Felipe II, el hijo de Carlos V, nació y se educó en España, y por tanto ya no fue considerado monarca "nacional" por los "neerlandeses". La cruel represión contra los protestantes y los estragos de las tropas españolas unieron a los neerlandeses católicos y protestantes, bajo el liderazgo del príncipe Guillermo de Orange, el "Taciturno", contra el rey español. Tan sólo en la Spaanse Furie o "Furia Española" de 1576, un motín de soldados españoles no pagados, habían perecido más de 8 mil ciudadanos de Amberes. No sorprende la pronta traducción y publicación de la "Brevísima relación de la destrucción de las Indias", de fray Bartolomé de Las Casas, al neerlandés. La caída de Amberes, sitiada por nuevas tropas españolas en 1585, marca la separación de los Países Bajos. Miles de intelectuales y ricos comerciantes protestantes flamencos y brabanzones emigraron al norte independiente, lo que significó una verdadera sangría cultural y económica para ciudades como Gante, Amberes y Bruselas. Los inmigrantes calvinistas sureños asumieron el control de la ciudad católica de Ámsterdam, y le aportan en el siglo XVII su florecimiento cultural y económico. Para la norteña República de las Provincias Unidas comienza su "siglo de oro". El pintor Frans Hals, colega de Rembrandt, y Joost van den Vondel, el gran escritor holandés -ambos de origen amberense- son emblemáticos en la transición del predominio cultural del sur al norte. Lo que se recuerda en la historia española como la "Guerra de Flandes", terminó en 1648 con la Paz de Westfalia. La frontera que se acordó entre la República en el norte y los Países Bajos Españoles en el sur coincide casi exactamente con la actual línea divisoria entre Bélgica y Holanda, y fue el resultado de los éxitos militares de las partes beligerantes y no de una evolución histórica lógica. El sur se "recatolizó" por completo, y pasó a principios del siglo XVIII de los Habsburgo españoles a los Habsburgo austriacos.

La Revolución Francesa y la creación del Reino de Bélgica

A finales de esa centuria, dentro de las secuelas de la Revolución Francesa, los Países Bajos Austriacos fueron anexionados por Francia, y comenzó un profundo proceso de afrancesamiento de la vida cultural. Muchos intelectuales neerlandófonos, impregnados con las ideas de la Revolución, cambian su lengua natal por el francés. Sin embargo, con la derrota de Napoleón en 1814 los Países Bajos fueron reunidos, después de una separación de más de 200 años, bajo el poder del rey holandés protestante Guillermo I de Orange. Por desgracia, la larga escisión había dejado sus huellas. En los Países Bajos del Sur, tanto la Iglesia católica como la burguesía "liberal" -esta última se consideraba heredera del ideario revolucionario francés- rechazaron al nuevo gobernante. El clero católico, por ser Guillermo un rey calvinista, y los "liberales", por considerar que el rey Guillermo era un exponente del Antiguo Régimen. Ambos grupos forjaron una alianza y, mediante la Revolución Belga de 1830, separaron nuevamente al sur del norte para crear el "Reino de Bélgica", una monarquía católica constitucional, la primera de su género en la historia universal, y una combinación que satisfizo a las dos facciones. Leopoldo de Sajonia Coburgo y Gotha, a pesar de ser alemán y luterano, ocupó el puesto vacante para la nueva monarquía. Los liberales y los católicos también coincidieron en que la lengua oficial de Bélgica fuese únicamente el francés, ya que al idioma neerlandés lo consideraban antiliberal y anticatólico. Su lema era: La Belgique sera latine ou ne sera pas! ("¡Bélgica será latina [es decir, francófona] o no existirá!"). Sin embargo, tanto los liberales como los católicos no tomaron en cuenta que la mayoría la población del nuevo Estado eran campesinos y artesanos neerlandófonos dedicados a obtener su pan de cada día, pero no tenían por qué preocuparse, ya que en Bélgica, pese a su constitución tan progresista para aquellos tiempos, el derecho al sufragio estaba reservado para los ciudadanos que pagaban cierta cantidad de impuestos (sufragio por censo). Por consiguiente, la gran mayoría de la población belga no estaba representada en el parlamento. Asimismo, no obstante que la constitución belga hablaba de la "libertad de idioma", el francés -la lengua de una minoría- se volvió en la práctica el único idioma en la educación media y superior y en la administración de justicia. Para muchos miembros de la élite francófona, el neerlandés no era más que la jerigonza de la "chusma". En respuesta, pocos años después de la independencia belga, dentro de la burguesía flamenca y brabanzona, surgió un movimiento sociocultural por la conservación del idioma neerlandés, que pronto se conoció como Vlaamse Beweging o Movimiento Flamenco. Las palabras "flamenco" o "Flandes" desde entonces ya no se referían sólo al antiguo condado de Flandes, sino al conjunto de los territorios en Bélgica donde la lengua del pueblo era algún dialecto del neerlandés y no el francés. (A partir de aquí, utilizaremos esa connotación.) A la parte francófona de Bélgica se ha conocido desde entonces como "Valonia" y a sus habitantes como "valones". El propósito de este incipiente Movimiento Flamenco no era la separación del resto de Bélgica, ni la reunificación con Holanda, sino el simple reconocimiento de la realidad lingüística del país, exigiendo para Flandes el reconocimiento del neerlandés, además del francés, como idioma oficial. Los partidarios del movimiento, que no era ninguna organización formal sino que se expresaba en varias iniciativas dispersas, eran tanto flamencos católicos como flamencos liberales, y pronto se interesaron por la causa algunos de los primeros socialistas. La motivación de los católicos y los liberales tradicionales no era ajena al romanticismo del siglo XIX. Los liberales progresistas y los socialistas flamencos también veían la doble discriminación de los jóvenes obreros flamencos por no poder estudiar en su propia lengua, aparte de carecer de los recursos económicos.

 

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