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El ʹ68 en Bélgica

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LEUVEN-VLAAMS: El movimiento del '68 en Bélgica

(por Frank Silkens)

(Artículo publicado originalmente en la revista Equis, número 5, ciudad de México, septiembre de 1998, pp. 81-83)

 

Mayo 68 fue, propiamente dicho, un fenómeno francés de poca duración. Pero el espíritu del movimiento fue algo mucho más amplio, y se manifestó en otros fenómenos y acontecimientos que, en muchos casos, incluso precedieron a esa fecha.

En el campus de la Universidad de Berkeley, California, los estudiantes se movilizaron desde 1964. Bélgica tuvo sus apogeos en mayo de 1966 y enero de 1968, que fueron los dos momentos culminantes de la lucha Leuven-Vlaams (Lovaina-Flamenca).

Las movilizaciones estudiantiles, donde quiera en el mundo, sólo ganaron fuerza real injertándose en movimientos más amplios. En Estados Unidos, por ejemplo, los estudiantes se unieron a los pronunciamientos contra la guerra de Vietnam y la discriminación racial. En Flandes, la región neerlandófona de Bélgica, la lucha por la "neerlandización" total de la universidad más antigua de los Países Bajos, la Universidad Católica de Leuven ("Lovaina" en castellano) -una institución bilingüe (neerlandés y francés) con sede en una ciudad totalmente flamenca-, unió a los estudiantes flamencos en un frente común con el Movimiento Flamenco*, pero la protesta estudiantil pronto se convirtió en una crítica general contra el obediente conformismo belga.

A principios de los años sesenta, el conflicto entre las dos regiones y comunidades principales que conforman Bélgica, Flandes (de habla neerlandesa) y Valonia (de habla francesa) se concentraba en la reivindicación flamenca de fijar, de una vez y para siempre, la frontera lingüística entre los dos territorios.

En 1960, trescientos municipios flamencos boicotearon el censo lingüístico con el cual normalmente se determinaba si era necesario cambiar el régimen lingüístico de uno u otro municipio. En muchas ocasiones, los censos habían sido manipulados a favor de los francófonos para extender el territorio valón hacia el norte. Un año después, los flamencos realizaron la Primera Marcha a Bruselas para denunciar la discriminación de los flamencos en la capital, y para reivindicar una frontera fija entre Flandes y Valonia. En respuesta, se creó el Movimiento Popular Valón que, al igual que el Movimiento Flamenco, se expresó a favor de un estado federal en lugar del estado centralista de aquel entonces.

Como resultado, en las "leyes lingüísticas" de 1962 y 1963 se abolieron los censos lingüísticos y se determinaron, de manera definitiva, la frontera lingüística entre Flandes y Valonia, y la frontera entre la "isla" bilingüe de Bruselas y Flandes, que rodea la capital belga. Se otorgaron, no obstante, "facilidades lingüísticas" a los francófonos en algunos municipios flamencos que colindan con Bruselas.

Sin embargo, los obispos católicos belgas anunciaron en 1964, con apoyo del gobierno del primer ministro Jacques Lefèvre, la creación de nuevas dependencias francófonas en la Universidad Católica de Lovaina, en la zona flamenca entre Lovaina y Bruselas. El Movimiento Flamenco protestó, por temor a que, a la larga, este plan afrancesara dicha zona, y surgieron enfrentamientos entre las secciones neerlandófona y francófona de la universidad. Pero el verdadero detonador de la protesta estudiantil flamenca fue una carta pastoral (mandement) de los obispos belgas emitida en 1966, en la que los príncipes de la Iglesia se declararon definitivamente en contra del traslado de la sección francófona de la universidad lovaniense a Valonia. Esta postura autoritaria provocó disturbios en todo Flandes. En Lovaina misma, los estudiantes flamencos se declararon en huelga. El 5 de noviembre de 1967, se realizó nuevamente, esta vez en Amberes, una gran manifestación flamenca.

En 1968, se dio una abierta ruptura en Lovaina entre las secciones neerlandófona y francófona. La actitud déspota de los obispos había resultado contraproducente. Mientras tanto, el movimiento estudiantil flamenco en pro de una universidad totalmente neerlandófona ya había dejado de limitarse a este único propósito. Su horizonte se había ampliado, y fue adquiriendo fuertes rasgos anticlericales y antiautoritarios. Los estudiantes crearon sus propios sindicatos, y querían tener voz y voto en la administración de su universidad. Pero la protesta tampoco se limitó al ambiente universitario: se cuestionaba la estructura de toda la sociedad. En la gran plaza del mercado de Lovaina, ya no se cantaba solamente De Vlaamse leeuw ("El león de Flandes"), el himno nacional flamenco, sino también We shall overcome. En torno a la relación entre los estudiantes flamencos y las organizaciones del Movimiento Flamenco, el entonces líder estudiantil Paul Goossens (cofundador del periódico progresista De Morgen) escribió años después: "Teníamos opiniones distintas sobre todo: sobre política, evidentemente, pero también sobre música, los colores del arco iris y la relación entre el largo del cabello y el grado de decencia." Los partidos políticos -de todo el espectro- habían perdido ya el control del movimiento estudiantil. Desde su propia cultura, los estudiantes tomaron conciencia de su propio poder.

En las primeras semanas de 1968, una segunda ola de protesta estudiantil asustó al establishment belga. Tal y como sucedería en Francia unos meses después, los estudiantes flamencos clamaron "¡revolución!" y "¡burgueses fuera!". El campo de batalla se trasladó de la gran plaza del mercado de Lovaina a las entradas de los edificios gubernamentales en Bruselas, donde hubo fuertes confrontaciones con los granaderos. La protesta estudiantil se volvió un asunto del gobierno nacional.

Meses antes que el gobierno francés de Charles De Gaulle, el régimen belga, una coalición de partidos de derecha, cayó el 7 de febrero de 1968 como consecuencia de las confrontaciones entre valones y flamencos -incluso dentro de los partidos gobernantes- sobre el problema de Lovaina. Como las subsiguientes elecciones legislativas anticipadas fueron dominadas por el conflicto lingüístico, el mayo 68 belga entrañó el gran avance y la presencia definitiva de los partidos regionalistas francófonos y neerlandófonos. No está demás señalar que el movimiento contestatario en Bélgica nunca condujo a acciones terroristas como las de la Rote-Armee-Fraktion en Alemania, o de Euskadi ta Askatasuna(ETA) en España.

El nuevo gobierno centrista decidió, en el mismo año, cambiar la sección francófona de la universidad lovaniense a Valonia. El mismo régimen corrió con el alto costo económico de dicho traslado. En septiembre de 1979, más de 11 años después, se mudó la última facultad francófona a la nueva universidad de Louvain-la-Neuve (Lovaina la Nueva). Los flamencos librepensadores, por su parte, exigieron y obtuvieron, en compensación de las inversiones públicas a favor de la enseñanza católica, la división de la Universidad Libre de Bruselas y la creación de su propia universidad neerlandófona en la capital belga, la Vrije Universiteit Brussel.

A partir de la caída del gobierno anterior, las cosas habían comenzado a tranquilizarse en Lovaina. En el legendario mayo del mismo año de 1968, la región estaba bastante quieta. En la Universidad Libre de Bruselas, hubo algunas acciones de solidaridad con los compañeros franceses, pero todas se realizaron dentro del recinto universitario, entre ellas una reunión internacional el 13 de mayo, o la toma de la rectoría a partir del 22 del mismo mes. Todo se desarrolló en un ambiente bastante distendido, sin confrontaciones serias con los guardianes de la ley.

En mayo de 1968, no hubo en Bélgica una revuelta estudiantil generalizada ni mucho menos un frente común con el movimiento obrero, como sí ocurrió en Francia. En los días en los que el fervor revolucionario de los estudiantes y obreros franceses contagió a países como Italia, España e incluso Yugoslavia y Turquía, Bélgica, su país vecino al norte, estaba en paz.

Las diversas conmemoraciones de las hazañas de la generación de 68 que tuvieron lugar en Bélgica en 1998 irritaron un poco a los exmilitantes estudiantiles de las generaciones posteriores, de los setenta, ochenta y noventa (a esta última pertenece el arriba firmante). Molesta toda la mitología creada por los excombatientes del 68 en torno a su época.

Sin lugar a dudas, sus acciones contribuyeron a la democratización de la estructura autoritaria de las universidades en varios países, pero los cambios en la sociedad occidental a finales de los sesenta y principios de los setenta se deben también al nuevo clima social, del cual las protestas estudiantiles fueron más bien una expresión que una causa.

Mayo 68 fue el momento en el que varias evoluciones sociales se manifestaron explícitamente. Como "revuelta estudiantil", el fenómeno ha sido sobrevalorado. Sin embargo, como síntoma de una transformación profunda de la sociedad no puede ser sobrestimado. Pero estos exlíderes estudiantiles cincuentones se jactan de sus aspiraciones puramente "altruistas", y critican el "egoísmo" de las generaciones posteriores. "En lugar de las reivindicaciones ideológicas de carácter general de mayo 68, vinieron las exigencias corporativistas y egoístas," señalan.

Sostener que las generaciones de las tres décadas subsiguientes sólo han pensado en sus intereses individuales, es una exageración y un despropósito. Ya sabemos que las grandes movilizaciones contestatarias de los sesenta en Occidente no se hubieran dado sin el alto grado de bienestar material de los golden sixties. Gracias a esta prosperidad, la mayoría de los estudiantes -la primera generación que ya no sufrió en carne propia los estragos de una guerra mundial- no tenía que preocuparse por dinero o empleo, lo que allanó el camino a una "mentalidad posmaterialista" (Ronald Ingelhart) o, como dijo Berthold Brecht: Erst kommt das Fressen, dann kommt die Moral. (Solamente después de haber satisfecho las necesidades físicas (Fressen, comer), hay tiempo para la Moral.) Además, el clima intelectual en el que vive el estudiante y su situación social específica (una vida en un grupo estable y pocas repercusiones sociales por conductas rebeldes) ofrecen las mejores condiciones para crear e involucrarse en un movimiento de protesta.

La crisis del petróleo de 1973, con sus secuelas de inflación y un creciente desempleo, acabó con la euforia de los golden sixties. Sin embargo, el porcentaje de hijos de obreros que ingresaron en la educación superior había aumentado considerablemente. No es de sorprender, entonces, que con la nueva situación económica y la nueva composición de la población estudiantil, las aspiraciones idealistas hayan cedido un poco ante valores más materialistas. Añádase a ello que el movimiento estudiantil ha sido forzado a ponerse a la defensiva contra las medidas económicas introducidas en la educación. Grandes grupos de estudiantes belgas lucharon entre 1977 y 1986 contra la duplicación de la cuota de matriculación, el desmantelamiento del sistema de becas y el anteproyecto de una nueva ley sobre grados académicos -que amenazaba con alargar la duración de los estudios con un tercer ciclo-, medidas que inevitablemente conducirían a una mayor discriminación social.

Por otra parte, muchos de los nuevos estudiantes han estado involucrados, al mismo tiempo, en movimientos ecologistas, antinucleares, feministas, de liberación gay y de solidaridad con el tercer y cuarto mundos -todos formando parte de los llamados "nuevos movimientos sociales". ¿Acaso esos estudiantes pueden ser calificados de "corporativistas" y "egoístas"? ¿No merecen quizás más atención y respeto que aquellos que un decenio antes participaron en lo que Klaus Allerbeck calificó como the revolt of the privileged?

La imagen de mayo 68 en Bélgica, no obstante, está en manos de los medios de comunicación, sobre todo para el consumo de quienes no han vivido (activamente) los acontecimientos de ese entonces. Precisamente en los medios de comunicación belgas trabajan muchos "excombatientes" que conservan el mito. Desafortunadamente, las generaciones estudiantiles posteriores -que han sido tan comprometidas como los "revolucionarios" y "reformadores del mundo" del 68, aunque sea a una escala más reducida y, quizás, más realista- han sido demasiado modestas.

Aunque los partidos verdes belgas (Agalev [que hoy se llama Groen!, N. de la R.] en Flandes, y Écolo en Valonia) se crearon como tales a principios de los años ochenta, su ideario se inspira claramente en el de mayo 68, al igual que el programa del reformado partido regionalista flamenco (VU [que hoy se llama Spirit, N. de la R.]). Sin embargo, pocos políticos de estos partidos hacen referencia a tales antecedentes. Los activistas de los "nuevos movimientos sociales" tampoco lo hacen frecuentemente. Tal vez porque en Bélgica se califica a mayo 68, más que en Francia, como un fenómeno algo elitista, ya que en las ciudades fueron prácticamente sólo los estudiantes los que salieron a la calle. Quizás influya también el hecho de que ese movimiento, por muy simpático que fuera, también resultó bastante inofensivo: como construir castillos en el aire.

*Véase mi artículo "Una historia flamenca" en la revista Equis, número 1, ciudad de México, mayo de 1998, pp. XXXV-XL.

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